Maria Aurèlia Capmany. "Carta abierta al macho ibérico" (1973)
Con el tiempo y el trato íntimo, la muchacha, hecha mujer irá descubriendo que los varones no son tan distintos de las mujeres como le habían dado a entender, pero cuando se dé cuenta ya será demasiado tarde para situarse en un plan de competición. La vida les ha colocado en estratos tan diferentes que se necesitaría otra vida para que la mujer pudiera hacer el aprendizaje necesario para situarse en un plano de igualdad.
… en el reparto de la bisexualidad se da el caso pintoresco que sigue: un hombre que piensa es un hombre, un hombre que no piensa sigue siendo un hombre. En cambio, una mujer que no piensa es una mujer y una mujer que piensa es un hombre con apariencia de mujer.
Hay mujeres de todas clases (dice usted), buenas y malas, estúpidas y cuerdas, sinceras y falsas, bellas y feas, generosas y tacañas, alegres y tristes…
Como los hombres, ¿no es cierto? ¿Por qué no acepta usted de una vez que las mujeres son exactamente iguales que los hombres y que el sistema glandular no afecta a la capacidad de discernimiento, ni a la facultad volitiva, ni a la percepción de lo bello?
Cuando las mujeres hablaban de igualdad antes de que emprendieran su contrarrevolución se referían a igualdad de oportunidades, no que se propusieran dejarse crecer la barba ni lograr un pecho liso como si san José hubiera pasado la garlopa. Los negros conscientes no desean ser blancos, pero desean no ser negros para los blancos (…) Las mujeres feministas no deseaban dejar de ser mujeres … no era un problema de envidia, sino de justicia.